Luego de casi tres meses de confinamiento por la pandemia de COVID-19, la economía mexicana se encuentra sumida en la peor crisis económica desde al menos la Revolución Mexicana, con el promedio de los principales analistas e instituciones financieras en el país anticipando una caída de al menos 9.2 por ciento en el crecimiento del PIB este año. Y entre los mayores afectados por esta situación están las empresas y negocios, de los cuales, hasta el cierre de mayo, 10 mil habían desaparecido de los registros del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS).
De acuerdo con datos del organismo, en abril se dieron de baja 6 mil 689 empresas de esos registros, mientras que en mayo otras 3 mil 295 hicieron lo mismo. Los datos de junio serán dados a conocer en los siguientes días por el organismo, pero se anticipa que la pérdida de empresas y negocios continuará.
Los cierres obligados para combatir la pandemia, que ha cobrado más de 30 mil 700 vidas en México y colocan al país como el quinto con más defunciones a nivel global, llevaron a miles a una situación sin precedentes: una caída brutal en sus ingresos sin apoyos suficientes del gobierno para poder mantener sus operaciones.
Diez mil empresas y negocios desaparecidos en solo dos meses, con una perspectiva negativa hacia adelante, es un dato inédito, que ni siquiera se observó en la crisis financiera de 2008-2009. Aunque la cifra de empresas afectadas es elevada, ni siquiera representa la totalidad de la afectación real a las empresas y negocios del país, pues el IMSS registra únicamente aquellas unidades económicas que se encuentran en la formalidad.
En un país como México, en donde poco más de 5 de cada 10 personas laboran en la informalidad, el impacto resulta mucho mayor.
Los datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) al cierre de mayo revelan, en buena medida, el tamaño del impacto de la pandemia en la desaparición negocios, incluyendo al sector informal. Según su Encuesta Telefónica de Ocupación y Empleo (ETOE) 2020, en abril de este año había 2.3 millones de empleadores en México, mientras que al cierre de mayo la cifra arrojaba 2 millones. Es decir, en un solo mes alrededor de 300 mil personas habrían dejado de proporcionar empleo a millones de trabajadores en todo el país. En mayo del año pasado, los empleadores sumaban 2.6 millones.
Con esa marea de empresas y negocios, formales e informales, cerrando sus puertas, y muchos más suspendiendo temporalmente sus actividades, más de 12.5 millones de personas perdieron su trabajo solo en abril. En mayo, de las 19.4 millones de personas disponibles para trabajar ese mes, 9.5 millones no lo hicieron debido a la suspensión de sus labores sin recibir pago.
Aunque los más vulnerables ante cualquier revés económico, sobre todo uno tan profundo como el causado por la pandemia de COVID-19, son siempre las pequeñas y medianas empresas (Pymes) y los micronegocios, también las más grandes han padecido. Algunas han recurrido a recortes salariales temporales, cancelación de plazas y de algunos beneficios adicionales a los que otorga la ley. En otros casos, han tenido que recurrir a reestructuras financieras importantes para mantenerse a flote. Incluso Aeroméxico acudió la semana pasada a la protección de los tribunales de Estados Unidos para poder reestructurarse y evitar un colapso mayor.
Según el IDIC, alrededor de 500 empresas medianas y grandes cerrarán sus puertas una vez que comience el recuento final de daños de la pandemia.
Pero los efectos durarán mucho más. Miles de personas que invirtieron buena parte de su patrimonio y ahorros para cumplir el sueño de ser dueños de un negocio o emprendimiento, incluso en un entorno económico desfavorable, se quedan con las manos vacías.
Con información del Financiero.
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